
Por fin, dejamos atrás el Quindío, y recorrimos de un galope y en breve tiempo, los tres o cuatro kilómetros que quedaban de camino a través de las praderas cortas del Cauca, para entrar en Cartago, en cuyas calles empedradas con cantos rodados, resonó el día 15 de marzo a las cuatro de la tarde, el choque de los cascos de nuestras cabalgaduras.
La ciudad de Cartago se halla situada a los 78° 26' 48" de longitud Oeste de Paris y 4° 45' de latitud Norte en una vasta llanura que forma parte del ex
tenso valle del Cauca, y a orillas del rio de la Vieja. Unas lomas de arena cubiertas de verdura alteran el nivel general del valle. El rio de la Vieja corre encajonado entre dos márgenes pobladas de bosque y mide unos cien metros de anchura.
El Cauca dista cinco kilómetros de la ciudad. La antigua Cartago, fundada en 1540 por orden de Robledo y bajo la dirección de Suero de Nava, estaba situada diez y ocho kilómetros más al Norte, a orillas del riachuelo Otún, y sus primeros pobladores, excepción hecha de los indígenas que hubieron de sufrir el yugo de los conquistadores, fueron los restos de la expedición enviada por Vadillo, gobernador de Cartagena.
La traslación de Cartago al sitio que hoy ocupa se llevó a cabo antes de que terminara el siglo de su fundación. Pero los indios del Choco, que se hablan refugiado en las montañas del Oeste, no cesaron de hostilizar a los conquistadores y de presentarles batallas y más batallas que terminaron al cabo con la completa derrota de la población autóctona. En recompensa de la bravura de los habitantes de Cartago, el rey de España dio por armas a la ciudad un escudo adornado con tres coronas y un sol radiante.
![]() |
Plaza de Bolivar |
La población de Cartago, incluso su distrito comarcano, es de unos siete mil habitantes según datos de un censo verificado quince años atrás: ignoro si el vecindario ha tenido algún aumento desde entonces, si bien me parece algo dudoso, dada la soledad que se observa en las calles de la ciudad. Las vías, anchas y rectas y con arroyo central, están empedradas en parte con guijarros sacados del cauce del rio de la Vieja: algunas aceras son de ladrillo: la yerba lo invade todo y los jumentos pacen por las plazas en plena libertad.
![]() |
Plaza de San Francisco |
![]() |
Iglesia del Convento de San Francisco |
![]() |
Vivienda en El Guayabo |
![]() |
Negro y Mestizo en Cartago, Provincia del Cauca 1852 |
Otra afección también muy frecuente en muchos puntos de Nueva Granada son las paperas o coto, según el vocablo del país; pero en Cartago no sólo no se conoce esta enfermedad, sino que los enfermos de ella que se trasladan allí sanan rápidamente, atribuyéndose su curación a la virtud especial de las aguas del rio de la Vieja que toman sus cualidades yoduradas sódicas de la salina de Burila, situada a orillas del indicado rio, en la Cordillera oriental.
Vivíamos en Cartago en casa de Don Francisco Arango Palacios, y vagando un día por los numerosos cuartos de la casa, descubrí un instrumento singular destinado a la cocción rápida del chocolate, llamado allí fuelle antioqueño.
![]() |
Fuelle Antioqueño en Cartago |
La vida que llevábamos en Cartago no estaba exenta de actividad. La tarea de embalar las colecciones allegadas en el Quindío, ordenar los apuntes, recoger las muestras mineralógicas y botánicas de la comarca, cazar animales y empajarlos, dibujar y hacer visitas, a duras penas nos daba un momento de descanso. A la salida del sol abríamos la tienda y poníamos manos a la obra: los mozos Ignacio y Timoteo bajaban al rio provistos de grandes calabazas en forma de peras de veinte litros de capacidad a buscar el agua necesaria para lavarnos, o cuando no, la comprábamos a los muchachos del país que montados en un rocín la llevan casi arrastrando en unas largas cañas de bambú, colocadas a ambos costados del jumento.
![]() |
Aguadores |
![]() |
Aguadores y Lavanderas de Cartago |
Cuando volvía a casa y mientras se disponían los embalajes, pasaba el tiempo dibujando plantas, operación que excitaba en alto grado la curiosidad de los transeúntes. Todos los vagos de la ciudad se paraban frente a la puerta, y poquito a poco fueron entrando en la casa, donde permanecían de pie días enteros contemplando en silencio a unos seres tan raros como nosotros, que habíamos ido allí desde tan lejos, sin otro objeto que secar, dibujar y empaquetar yerbas, insectos y guijarros de su país. Esta curiosidad molesta alguna vez, iba acompañada en otras ocasiones de agasajos y atenciones, no por pequeños menos conmovedores. No había muchacho que diera con una flor hermosa o un insecto brillante que no lo trajera a los caballeros extranjeros: cuando no una culebra, un lagarto, a veces un pájaro matado de una pedrada disparada con la honda o bodoquera, o un kinkajú cogido en el bosque a orillas del rio, mientras estaba atracándose de bayas de madroño.
![]() |
Bordadora |
en Salento. Las camisas de las fiestas, único vestido en uso, abiertas holgadamente sobre el pecho y atadas a la cintura por medio de un sencillo cordón, están adornadas con estos bordados lo propio que las imágenes de los santos y los ornamentos sacerdotales. Cierta mañana vino a visitarme una vecina en compañía de su hija, una linda morenita de catorce abriles, autora de unos dibujos muy cándidos, pero que revelaban cierto sentimiento del color. Aquella buena mujer vino a pedirme que diera algunas lecciones de acuarela a su hija, preguntándome con voz un tanto temblona, cuánto le llevaría por ello. Sin duda calcularla que, puesto que vivía en una tienda, debía hacerlo para vender mis géneros, pues recuerdo que a la negativa que hube de darle, se mostró muy contrariada, no apareciendo la sonrisa en sus labios, sino después que le hube regalado algunos colorines de Europa.
Habian trascurrido ya nueve días desde nuestra llegada a Cartago: las mulas estaban repuestas, o a lo menos en disposición de llegar hasta Cali, por poco que encontráramos el camino firme, por lo que el día 25 de marzo, a las nueve y media de la mañana, nos despedíamos de nuestros amigos los cartageneros de América, y enderezábamos nuestros pasos hacia el Sur.
El camino de Cartago a Cali sigue por la orilla derecha del Cauca a algunos kilómetros del cauce del rio, envuelto entre las yerbas de la pradera y por tanto fuera del alcance de la vista. Las colinas, tras de las cuales se desliza el rio de la Vieja, muy cercanas en un principio, se van quedando atrás, a medida que el terreno se eleva, hacia la sierra de Calarma, uno de los contrafuertes de la Cordillera central, en cuyos repliegues abriga la salina de Burila.
En un principio el suelo arenoso y permeable es muy firme para andar, de modo que daba gusto ver a la caravana desfilar alegremente, con los arrieros que hacían chasquear el látigo, yendo de mula en mula, enderezando la carga de unas, en otras ajustando un rejo, ora cogiendo una hoja de plátano para resguardar del sol el kinkajú, llamado por ellos Pedro, en memoria de cierto negro de Cartago, y prorrumpiendo a la vez en cantos, votos y carcajadas, llenos de ardor y de buena voluntad.
![]() |
Fabriacion de la Cabuya |
A continuación franqueamos sin el menor contratiempo las quebradas de Zaragoza, las Piedras, Peladillo y la Mena.
Fuente del relato e imágenes: Libro ´´Viaje a la América Equinoccial, de Édouard François André.
Fuente del relato e Imágenes: Libro ´´Viaje a la América Equinoccial, de Édouard François André